jueves, 29 de junio de 2017

“Por uno de los doce haces: Un viaje hacia La Torre Oscura”

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ÚNICAMENTE LA
BÚSQUEDA
-Artemio-


En una realidad alterna hay una manifestación física de la Torre Oscura, el centro de la existencia donde todos los universos tienen nexo en espacio y tiempo, y los agentes del caos liderados por el Rey Carmesí intentan destruirla para que impere la discordia.
Fundada por el héroe legendario Arthur Eld (y con su arma predilecta como emblema), una ancestral orden de caballeros conocida como ‘pistoleros’ protege la Torre.
Solitario tras sobrevivir la batalla que costó el mundo entero, Roland Deschain, oriundo de la nación de Gilead y último heredero de Eld, atraviesa un mortal y cuasi infinito desierto tras la pista de su oponente, el Hombre de Negro, pues solo él sabe cómo llegar hasta la Torre Oscura y asegurar que permanezca en pie.

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Mucho antes del boom detonado por compañías cinematográficas en años recientes, los relatos de Stephen King ya habían convergido en un universo ficticio, siendo la Torre Oscura -en más de una forma- el pilar sobre el cual se sostiene.
Dentro de la saga, la Torre Oscura es el eje de la existencia y, de manera paralela, la saga en sí misma puede verse como el eje que une al resto del imaginario de King.

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En la Universidad de Maine, el poema “El noble Roland a la Torre Oscura llegó” de Robert Browning fue la piedra angular para una obra que aparcería periódicamente a partir de 1978 en The Magazine of Fantasy and Science Fiction, cuatro años antes de dar forma a una novela titulada El pistolero.
En el prólogo a las nuevas ediciones para las entregas de La Torre Oscura, King relaciona al diecinueve con una áspera madurez, habla sobre El señor de los anillos, El bueno, el malo y el feo, y el carácter épico en ambos durante el punto clave de la adolescencia. No solo el pistolero proviene del poema de Browning, sino que éste es la base espiritual de Mundo Medio.

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A los catorce años, tras rondar la mesa de novedades en una librería de mi ciudad natal, mi padre me compró una edición recién salida de una novela de Stephen King sobre la cual no había oído hablar hasta entonces. En la contraportada se leía: “El hombre de negro huía a través del desierto, y el pistolero iba en pos de él”. Luego de eso, muy poco acerca de la trama: el protagonista y un niño llamado Jake Chambers viajando hacia la Torre Oscura. Invitaban el misterio y lo fantástico. La lectura estuvo cargada en todo momento con dejos de enigma y emblema.
La presencia del 19 hallaría su igual con el 99 en libros subsecuentes, al igual que una palabra que empieza con la decimonovena letra del alfabeto a modo de preámbulo (Reanudación, Renovación, Redención…) haciendo eco a lo largo de una narración de largo aliento.
Fue increíble leer El pistolero por primera vez, cuando nada estaba claro. Con tal de volver al lector parte de la aventura, en vez de brindar una zona de confort aclarando dónde, cuándo o de quién se habla, ni el autor, ni los personajes, ni la voz de los recuerdos dan algo por sentado. Descifrar el misterio hermana a los personajes para que, guiados por el pistolero, lleguemos todos hasta el fin de la historia, donde descubriremos cómo está construido este mundo que “se ha movido”.
La Torre Oscura lleva a cabo un gran reto dentro de la literatura, volviéndola una joya invaluable, poseedora de un mérito poco común, generando la clase de dicha que pocas veces se halla y debe atesorarse.

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En este momento particular, las obras de ficción más mediatizadas vuelven imposible no generar un contraste entre un cliffhanger al mejor estilo de George R. R. Martin y el momento cumbre que involucra a los dos protagonistas de manera inesperada (casi descabellada) cerca del final de El pistolero.
Los finales de capítulos, episodios, libros o temporadas ligados a Martin dejan boquiabierto y sin palabras al espectador, generando emociones fuertes de intriga emoción y temor.
El momento crucial en El pistolero involucra una caída, es contundente, vital, y desgarrador. No se trata de una emoción fuerte evocativa a Martin, sino de catarsis. El vínculo que para ese momento de la lectura uno ha desarrollado con los personajes vuelve inevitable compartir la sensación de vacío.

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Mi pasión exponencial hacia La Torre Oscura se dio al tiempo que avanzaba su redición a cargo de Plaza y Janés.
Tras infructíferas visitas a cada librería y sección de libros en tiendas departamentales, la espera por la cuarta entrega de la saga se tornó endiabladamente larga, de modo que en una pequeña librería conseguí una edición de pasta dura, un tanto más cara, de diez años atrás, a cargo de Ediciones B. Hasta entonces, los volúmenes de Plaza y Janés contaban con ilustraciones de distintos artistas increíbles. Fue doloroso no conseguir Mago y cristal, donde había participado el legendario Dave McKean; no obstante, la edición de Ediciones B llevaba por título La bola de cristal, españolizaba el nombre del protagonista con un ‘Rolando Deschain’, y claro que tenía su encanto.
Posteriormente, a Plaza y Janés y Ediciones B en la cabecera se sumaron Lobos del Calla en edición de Random House Mondadori, una adaptación de “La estación de paso” a cargo de la Marvel, y otros cómics en formato digital, volviendo La Torre Oscura una experiencia variopinta.
Así como, por momentos, el viaje hacia la Torre Oscura se antoja interminable a los miembros del ka-tet, veo que mi aventura con esta saga no ha terminado. Al mismo tiempo, la llegada del pistolero a la gran pantalla se distiende de la mera adaptación y apunta cada vez más hacia la continuación.

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En ocasiones, la prueba de fuego para determinar el valor de una obra se da cuando ésta genera una emoción tan profunda, que la coloca por encima de lo que concientemente se tiene por superior e invicto. Aun cuando debemos a Tolkien la fantasía en nuestra era, y restar importancia a su obra es imposible, lo épico en la Torre Oscura me obliga a colocarla por encima de la mismísima Saga del Anillo como la pieza de fantasía épica por excelencia.

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El surgimiento de todo proyecto de adaptación audiovisual puede terminar como obra maestra, o como algo del todo prescindible. Dar a conocer una gran historia debe ser el factor decisivo para ver si debe respetarse el material que inspiró una obra cinematográfica, o si hay que tomar ciertas libertades. Los involucrados en la trasposición de un universo ficticio no pueden cumplir cada una de las expectativas del público con respecto a la historia que conocían, ni hacia el modo en el cual, hasta entonces, un grupo de talentosos artistas lo habían dado a conocer.
Ya desde que leí El pistolero, rumores daban esperanza sobre una adaptación fílmica de la saga. Cada año que pasaba sin concretarse el proyecto de la adaptación cinematográfica era -a un tiempo- tortuoso y esperanzador. Ron Howard y Rob Reiner eran los mejores directores candidatos. Entre Russel Crowe y Javier Bardem, no nos era difícil imaginar a cualquiera en el papel de Roland Deschain. Algunos rumores hablaban sobre la propuesta extendida a Aaron Paul para interpretar al junkie neoyorkino Eddie Dean. Una obra cinematográfica de largo aliento complementada con la seriación en la pantalla chica prometía cohesión para la vida de Roland antes y después de dar caza al Hombre de Negro, una historia hasta entonces contada a través de novelas, relatos, historietas y juegos de rol.
Al tiempo que fungió como co-escritor, finalmente la silla del director la ocupó Nikolaj Arcel, mejor recordado como guionista de La chica del dragón tatuado. Contrario a un retrato fidedigno de El pistolero, apoyada en el crucial papel que en la saga tiene “el ciclo que vuelve”, La Torre Oscura será una continuación de las novelas con referencias constantes (y algunas variantes) hacia distintos elementos de los primeros libros.
Esperé más de una década para ver el tráiler de La Torre Oscura. No cabe duda que la elección de los actores principales será un factor decisivo en cuanto a por qué varios asistirán al cine para verla.  Matthew McConaughey encarna al Hombre de Negro.
Cualquiera proveniente de nuestro mundo que se cruzara con Roland Deschain tendría como referentes directos a Clint Eastwood y a Terminator. Los ojos azules de un hombre cuya edad se cuenta con eones no pertenecen a un atleta fornido y joven, sino a un hombre agotado que insiste en continuar, cuyas rodillas crujen al agacharse para encender una fogata. Nadie esperaba que Idris Elba fuera el pistolero.  
El destino para la reacción hacia la llegada de La Torre Oscura a las salas de cine es incierto, pero espero salir extasiado de una de ellas. La balanza donde están las adaptaciones fílmicas basadas en obras de Stephen King se inclina peligrosamente hacia lo prescindible y absurdo, pero siempre prevalecen aquellas gloriosas y dignas de elogio. Ojalá La Torre forme parte dicho panteón. Ojalá dicha muestra alcance el grado épico que tanta falta hace para poner a la fantasía a salvo.
Por mientras: largos días y gratas noches, sai.



jueves, 5 de mayo de 2016

“Tras la frontera del Kuiper: 'Luna de Plutón' de Dross Rotzank”

Durante la década pasada, con la reiterada promesa de su ópera prima –y aun con la promoción de la misma durante el año pasado­–, el ahora vloguero venezolano Dross Rotzank siempre fue renuente en dar a conocer la más escueta pista sobre la novela que había escrito. Salvo revelar el título del libro, lo más que llegó a decir durante este periodo fue que abordaba una épica; de resto, nos vimos obligados a intuir que ésta contaba con elementos propios de la ciencia ficción.

¿De qué hablamos cuando hablamos de ciencia ficción?
En la contraportada, Luna de Plutón no solo se refiere a sí mismo como ‘épica’, sino que deja a juicio del lector la certeza al afirmar que se trata de “una novela clásica de la más pura ciencia ficción”.
El planteamiento hipotético de posibilidades tecnológicas para el humano es el elemento característico de la ciencia ficción. Con tal de considerar a la ópera espacial como uno de sus subgéneros –tomando a la vastedad infinita del cosmos como motor imaginativo–, la existencia de galaxias lejanas con extrañas culturas donde se libran batallas entre naves espaciales a punta de disparos de energía pura se presenta como una posibilidad tan válida como la de cualquier historia comúnmente inherente al sci-fi. Dado que en Luna de Plutón elementos fantásticos intiman con otros acordes a una temática de ciencia ficción, se asume que forma parte de dicho subgénero.
No importa cuánto traten de convencernos sobre el lugar de la ópera espacial como subgénero; aunque en ella esté el potencial hipotético propio de la ciencia ficción, éste pierde validez si no ayuda a comprender el universo al que nos hemos introducido. Lo importante en una ópera que ocurre en el espacio es contar una gran historia en la cual los actos y emociones de los personajes generan conflictos que alcanzan proporciones cósmicas.
Ogros de Iapetus, elfos de Titán, animales antropomórficos y vampiros en una época en que la Tierra ha dejado de existir son algunos elementos fantásticos que hacen de Luna de Plutón una ópera espacial, en vez de un exponente de la ciencia ficción.

Cómo leer Luna de Plutón a sus hijos
La relación entre Luna de Plutón y las obras de J. R. R. Tolkien inherentes a la Tierra Media no tiene que ver con lo épico, sino con dejar de lado lo intrincado de una novela para leerse como un cuento de hadas de la nueva era.
En dos ocasiones, personajes de la novela utilizan la palabra ‘mierda’. Según se aborde, este detalle puede ser irrelevante o trascendental. Mientras que el uso de lenguaje reprobable para algunos sectores de la sociedad puede considerarse dañino para el público infantil, también puede interpretarse como un paso por parte de este tipo de literatura para dar a conocer la realidad de nuestro tiempo a través de expresiones coloquiales, así como el lugar que éstas ocupan en el habla cotidiana. Menospreciar la capacidad receptiva de los lectores es el mayor riesgo que uno corre al escribir literatura infantil, y Luna de Plutón superó el obstáculo.

The outsider space
Aun cuando podríamos contar un sinnúmero de casos excepcionales (incluso en los últimos años), todavía se tiene una idea preconcebida sobre planetas sólidos como único destino para los viajes espaciales. Aunque simple en su esencia, que los rumbos durante el transcurso de la novela estén fijados hacia lunas de planetas gaseosos redefine lo que entendemos por “viajar a otro mundo”.
Concebida al tiempo que autoridades en el campo de la astronomía llevaron a cabo regulaciones en torno a la clasificación de Plutón, la novela hace hincapié en el cinturón de asteroides que separa a éste del resto del Sistema Solar como un elemento distintivo más para con el resto de planetas en una organización encabezada por elfos.
Aun cuando se podría reflexionar sobre en qué medida Luna de Plutón es una historia atípica comparada con otras con elementos semejantes, resulta igualmente interesante descubrir que los mismos protagonistas de una obra extraña son seres atípicos en el mundo que los rodea, volviéndolos únicos en más de un nivel. En medio de un desfile de personajes extraños a lo largo y ancho del Sistema Solar, niños de razas discordantes como ogros, elfos y leones parlantes protagonizan Luna de Plutón, aun siendo, en apariencia, los menos aptos para mantener el ritmo de la acción.

Como un meteorito
Luna de Plutón parte de una intriga cómica y conspirativa de espionaje que no es internacional sino interplanetaria, y aunque la publicidad en torno a la novela pretende que se reciba como parte del corpus temático del sci-fi, su declive se dio precisamente al abandonar deliberadamente los elementos presentes durante el inicio del relato y poner en su lugar los que debían corresponder con los de la ciencia ficción.
Tomando prestados elementos de cómics, videojuegos, dibujos animados, películas y demás exponentes de la cultura popular, la literatura suele producir obras de gran valor, sin embargo, en el caso de Luna de Plutón, el uso de dichos elementos no justifica la pérdida de lo que en un principio había hecho de ella algo valioso.
A medida que se dejan de lado los elementos correspondientes al cuento de hadas (y a la historia de intrigas), se abre paso cada vez más a algo que bien podría ser una película de ciencia ficción, aventura y acción, novelizada sin mucho éxito.
Las batallas entre naves espaciales constates, largas y descriptivas hasta el tedio no dotaron a la novela de sustancia, sino que dieron paso al ritmo fallido de la narración. Sin duda había elementos mucho más significativos sobre los cuales pudo haber recaído la atención del autor, primero, y del lector, después. Así, el momento cumbre fue más bien en picada, carente de algo destacable, y muchos argumentarían por su predictibilidad.

Espacio No Explorado

Las dudas sin resolver en Luna de Plutón poseen dos puntos de vista. En el primero están las expectativas insatisfechas para los lectores atentos, pero por otro lado está una esperanzada introducción a un universo literario por venir.

jueves, 31 de marzo de 2016

"BvS o Cómo ver dos películas en una"

Dos clases de jardinero
Zack Snyder es un visionario: su fuerte son las imágenes, algo por demás valioso en lo tocante a adaptaciones fílmicas para los cómics. Su trabajo es cuestionable en cuanto a historia, elenco o banda sonora, pero no en la cinematografía.
Los modos para llevar un cómic al cine de manera exitosa son polarizados. Por un lado, se replantean sus elementos en la realidad, y por el otro, son trasplantados. En el primer caso se pone a prueba nuestra perspectiva, enfocada sobre lo que, hasta entonces, solo podía resolverse entre viñetas. En el segundo, un modelo ajeno a la realidad debe permanecer en su estado más puro y ser verosímil para el espectador. Aun cuando este modelo sea algo ajeno –contrastante incluso– para nuestra realidad, debe equiparársele, e incluso trascender.
 Pese a la irrupción de Marvel en el ultrarrealismo con sus series web, actualmente, la trilogía de The Dark Knight de Christopher Nolan se mantiene como el exponente más sólido del replanteamiento del cómic. En contraposición, a Snyder nunca le interesó que alguna de sus películas hallara un lugar en el mundo real; no le preocupa la armonía entre ese mundo y el que nos muestra; se limita a coordinar actores, diseñadores y productores para que, en conjunto, den vida al universo que una historieta nos mostró primero.
Snyder, entonces, trasplanta historias; está claro aun antes de ver Man of Steel, y es irrefutable tras los primeros minutos de Batman v Superman: Dawn of Justice, pues en ella hallamos un cómic cinemático de la vida real que no llega a lo caricaturesco ni a la crudeza. El storyboard no tendrá problemas para imprimirse y venderse como una historieta más.

La fórmula del doctor Lee
El procedimiento para hacer películas de superhéroes bien remuneradas incluye, pero no se limita a:
1.      Hacerse de un personaje
2.      Sacar de la nada historia de origen y trasfondo
3.      Forzar un conflicto para que la historia avance
4.      Adecuar a los villanos según las necesidades del oponente
5.      Asegurarse de que los elementos corresponden con “el tipo de película que se está haciendo”
6.      Sustentar al marketing
y
7.      Que sea familiar

De una u otra forma, este tipo de películas siempre corre el riesgo de perder la integridad de un buen argumento.   
A través de su Mundo Cinemático, Marvel introdujo el nuevo modelo para adaptar cómics, haciéndole un favor a los superhéroes, al cine, a sí misma, y al modo de hacer ficción. Así, el Universo Extendido de DC sigue este modelo.
Antes, la película de superhéroes se concentraba en sí misma y se desentendía de la hipertextualidad. Aun a sabiendas de las secuelas en potencia, a riesgo de comprometer la trama, el desarrollo de personajes, o de dar pie a un final apresurado, el film debía plantear y resolver el conflicto, y nada podía quedar fuera de él.
Con base en elementos de cómics previos, el MCU es un sólido e independiente universo ficticio, a la par del resto de arcos argumentales que se encuentran, por ejemplo, en la línea Ultimate, de Marvel, o en New 52, de DC.
En la lenta introducción de la nueva fórmula para las películas de superhéroes, el planteamiento de la acción in media res forma parte de los elementos fructíferos A medida que se dejaron de lado las historias de origen, descubrimos lo peligrosamente comunes que se estaban volviendo. El elemento clave para que cómic y cine hermanen depende de la medida en que puedan ser abordados de igual manera. La incursión del cinéfilo a un universo sólido, activo y experimentado cada vez tiene más que ver con aquella propia del amante de las historietas que, desde cualquier punto, puede sumergirse en un universo ficticio que estaba allí desde hacía casi un siglo, sin temer porque su capacidad de asombro peligre.
Durante la última época, Marvel se encargó de solidar el éxito de su Universo Cinemático, y las decisiones creativas que determinaron el rumbo de la nueva producción cinematográfica de DC tuvieron por objetivo poner su sello sobre algo igual de novedoso, sin embargo, ésta última ha seguido el patrón del otro a tal punto que, tras compararlos a detalle, el espectador atento se pregunta qué tanto de innovador quedó para que DC pudiera cosechar.
El DCEU sale a la luz con un equilibrio entre historias de origen y acción in media res, la consolidación de un universo ficticio a través de hipertextualudad entre las películas que se han dado a conocer, y las que están por venir, así como con una aproximación al realismo que incluso busca tocar la comedia en el momento oportuno. Ante esto, la consolidación del live-action para la Liga de la Justicia es la promesa para convencernos de que la espera no será larga, sino que valdrá la pena.
Contrario a lo que hasta ahora entendíamos como easter egg, BvS deja ver a todas luces que los miembros del súper equipo ya están en marcha y que muy pronto traerán consigo, no solo historias individuales –que deberán ser mínimamente interesantes–, sino además una batalla en el universo DC que, desde ya, se plantea como épica.
El elemento que consolida la gran incógnita para el universo DC radica en la escena eliminada de BvS que circuló por la red días después del estreno. Previo a unir las piezas del rompecabezas, hubo un breve momento en el cual se intuyó que la misteriosa criatura que se desvanece dentro de la nave kriptoniana era Brainiac, pero rápidamente la atención se concentró en la cada vez más tangible posibilidad de que Darkseid, gobernante supremo del Apókolips, en un característico afán por extender su dominio tiránico a todo lo largo y ancho del universo, se hallara a la espera de asumir el papel antagónico para la Justice League.
En este punto, el número de ocasiones en las cuales el DCEU ha correspondido con el MCU es prueba suficiente de que la amenaza de conquista y destrucción de Darkseid –extraterrestre con poderes que se antojan ilimitados–, asemeja a la tan esperada actuación de Thanos el Titán Demente en la Guerra Infinita hacia la cual se ha dirigido el cine de Marvel desde 2012.    

Por cierto…
Queda descartado el temor de que BvS fuera una película de Superman con la participación de Batman o viceversa.

The Dark Knight Falls
Bruce Wayjne y Batman deben cohabitar como uno mismo. Mientras más fuerte es la atadura para estas identidades contrastantes, el conflicto interno es mayor y el personaje se vuelve interesante. Más allá de que esto dé pie a que un actor aspirante deba familiarizarse con la doble personalidad, se ha de considerar una posible caracterización fallida al descuidarse una de las identidades que conforman al personaje. El problema llega a tal extremo que invita a plantear la posibilidad de que dos actores estén capacitados para caracterizar, cada uno, una identidad, y que así, en conjunto, interpreten a un digno personaje.
Ben Affleck resultó un gran Bruce Wayne que supo desenvolverse en su medio. Por momentos supo interpretar a Batman resguardándose en las sombras, con una extraña piedad para aquellos a quienes no quiso matar (porque sí mató), y siendo inevitablemente débil frente a Superman, sin su armadura.
Por desgracia, el vigilante terminó siendo ineficiente, inadecuado o, sin más, mediocre.
A la mitad de BvS tiene lugar el declive en cada aspecto. Con tal de que la película adquiriera un nuevo y vertiginoso ritmo, a base de arrebatados sentimientos de frustración e ira por parte de Bruce Wayne, se troca la vulnerabilidad que había dotado de realismo al vigilante esforzado enfrentando al dios, y es reemplazada con una serie de actividades físicas e intelectuales increíbles (es decir: no convincentes) que en poco minutos han de desembocar en su enfrentamiento con Superman.
Durante el rescate de Martha Kent, Batman lleva a cabo una de las secuencias de pelea peor logradas en toda su historia. En ella, vemos rasgos de videojuegos como la serie Batman: Arkham e Injustice, del The Dark Knight Returns de Frank Miller, guiños nolanescos y (¿por qué no?) reminiscencias a series animadas. Fue a un tiempo ultrarealista –poniendo a prueba nuestra comprensión de las leyes físicas dominantes en el universo ficticio­– y caricaturesca, es decir, indigna de formar parte de la serie de valiosas viñetas vivas que habían hecho de la película algo especial.

Declaración nietzscheana   
El Superman de Snyder no es la figura pública que había sido siempre. Se nos presenta en esta ocasión como una suerte de “vigilante universal”; una proyección que rara vez es vista, pero cuya mera existencia inspira esperanza y fatalidad, impotencia y poder; un borrón capturado con la cámara de un smartphone. Como siempre, su identidad secreta sigue resguardada tras gruesos lentes. Resulta adecuado, si tomamos en cuenta la moda vigente hasta el momento.
BvS profundizó en la historia, construyó un universo ficticio, y dotó de realismo al conflicto de los personajes. Tanto fue el esmero en este último aspecto, que acabó siendo un elemento terriblemente humano, y uno de los preferidos por los entendidos en lo inherente al Superhombre.
En BvS (y aun en los adelantos) tres escenas referentes a Superman como una deidad –y que tienen el sello de Snyder– son emblemáticas. Cuando sus poderes lo colocan en un lugar que el humano reservó a Dios en la Tierra, el héroe vive a través de su conflicto interno y, más que meramente interesante, adquiere potencial para convertirse en algo relevante para nuestra era.
 Actualmente, cuestiones en torno a Superman son dignas de análisis crítico a nivel cultural, literario, e incluso mítico. Dentro del universo de DC, estas cuestiones llegan adquirir carácter teológico, y son, además, el mejor alimento para las historias del Hombre de Acero. Hallar por fin estas cuestiones en el cine es, en general, revolucionario para el personaje, y en particular, vital para la película.
El eje de la historia es Superman entre los humanos, y es desde ese punto que Batman es introducido como elemento contrastante: por un lado, el superhombre que todo lo puede, con la amenazante posibilidad de tener a la humanidad a su merced, y por el otro, el humano por excelencia, con todos sus límites, impotente víctima de su contrario. No hay mejor modo de introducir al Murciélago en una historia del kriptoniano.
Bajo la máscara de Daredevil (y muy a su pesar), Charlie Cox dejó en claro que es tiempo de dejar atrás el conflicto superheróico de seguir adelante sabiéndote incapaz de salvar a todo el mundo pese a tus esfuerzos. A su vez, si algo dejó en claro la primera mitad de BvS es que, ni por asomo, se ha explotado aun toda la mina de conflictos pertinentes en potencia para este tipo de historias. Con todo, a la mitad de la película, Superman se autoexilió (durante cinco minutos), sintiéndose culpable.
Tras una serie de aparentes finales definitivos para el Hombre de Acero, aquel que debía ser el auténtico, resultó poco convincente.
Con todo, tras el derroche de elementos propios de las películas de acción jolivudense carentes de sustancia, la secuencia de los contrastantes funerales simultáneos de Clark Kent y de Superman es el último y exitoso intento por parte de Snyder para retomar la belleza cinematográfica de un principio.

Una reforma para Lutero
Lex Luthor es el indiscutible némesis de Superman: un villano de cuidado que fácilmente se encuentra a la altura de los seres superiores al humano que enfrenta el Hombre de Acero. Desafortunadamente, desde 1978, a base de actitudes bufonescas y estúpidas, la deplorable encarnación del personaje ha sido el talón de Aquiles en la estabilidad de cualquier live action de Superman. No es sino hasta 2001 que, apoyado en la seriación televisada, Michael Rosenbaum descendió lento, sutil y sin retorno hacia una maldad que resultó verosímil, a riesgo de ser también comprensible y justificable.
Desde la primera señal de vida que dio una posible película sobre Superman y Batman, la renovada esperanza de ver por fin a un buen Luthor en la gran pantalla fue lo único que despertó una ligera expectativa y, con tal de que por fin hicieran merecido honor al gran antagonista, el vago rumor de que contemplaban a Rosenbaum para el papel estaba mejor justificado que fuera de lugar.
Tras una trayectoria cimentada en personajes patéticos, adorables y aun intrigantes, desde su primera aparición en un adelanto, Jesse Eisenberg mostró a un Luthor que nadie esperaba, en el cual, cobijado por el ala fantasmal y bufonesca de las encarnaciones pasadas, estaba el megalómano.
Debido a su discurso, Luthor no solo se encuentra a la par de sus oponentes como elemento hegemónico en BvS, sino que es fácil colocarlo por encima de ellos, pues es el único que en verdad se halla en la oscuridad: nadie está seguro del móvil de sus acciones. Su objetivo es claro solo para él, volviendo imposible colocarlo a priori en el lugar del antagonista, algo por demás característico e icónico en el modelo del cual partió.
Con todo, el atentado de Luthor en el Capitolio de los Estados Unidos solo acabó con los aciertos de Snyder en torno al argumento de la película, el conflicto humano debajo de la máscara reflejado en las actuaciones de Affleck y Cavill, y con la promesa para la película de un lugar a lado de The Dark Knight.
Tristemente, la descabellada y estrambótica génesis de Doomsday, el chantaje al superhéroe con sus seres queridos, y el trueque del enigmático discurso por clichés sobre la motivación del villano hicieron de Luthor un mero detonador para el clímax.

Héroes de Pacotilla
Fácilmente pudimos haber prescindido de Alfred Pennyworth en BvS. Jeremy Irons hubiera estado mejor ubicado interpretando a cualquier otro personaje que contara con acceso a la baticueva. En lugar de eso, solo consiguió reafirmar e inmortalizar, de una vez por todas, el lugar que ocupa Michael Caine como compañero de vida de Batman.
Aunque Ezra Miller fue innecesariamente enigmático, la advertencia de Flash es mucho más interesante que la ‘Knightmare’.
Gal Gadot hace que, a duras penas, tanto la participación de Wonder Woman como la de Diana Prince sean ligeramente interesantes. En este aspecto, no se diferencia del resto de personajes que desfilan para despertar nuestro interés por la Liga de la Justicia o por Apókolips, los cuales, tomando en cuenta el historial de DC, veremos en pantalla dentro de un futuro bastante lejano para el gusto de cualquiera.

Cómo NO trabajar en equipo
Con tal de mantener la atención del público durante la mayor cantidad de minutos posible, la pelea entre Superman y Batman no fue tan realista ni satisfactoria como pudo haber sido.
De todos los modos en que pudo haberse mantenido el ritmo dilemático que se planteó desde el principio, Batman descubre la humanidad del kriptoniano cuando se da cuenta de que, literalmente, tiene madre, y es tocaya de la suya.
Por otro lado, tres héroes no supieron darse prisa para empezar a trabajar en equipo con la suficiente rapidez, aunque el destino de la Tierra estaba en juego.
Pero los héroes no fueron los únicos elementos discordantes en la película. Uno creería que la última secuencia de acción apabullante sería idónea para hacer de la música el vínculo sensorial para el espectador; no obstante, el soundtrack perdió dicha capacidad con su pretensión de despertar las sensaciones correctas en el momento indicado cuando dio inicio lo que se esperaba fuera “la gran batalla”.

Pollex Versus
No podemos más que comprender a quienes se mofan o solo reconocen el sinnúmero de desatinos en BvS, así como preguntarnos cuál es el móvil de los que la defienden. Al final no quedó lugar para la expectativa hacia cualquier proyecto a futuro por parte del Universo Expandido de DC. Ni siquiera el mismísimo Lobo es capaz de esperanzarnos, y los seguidores acérrimos acordamos que mejor sería dejarlo tranquilo.  

Si tuviera que dar un veredicto, diría que, con su genial planteamiento inicial, Batman v Superman: Dawn of Justice fue una película contrastante en cuanto a su temática y estilo pero que, desafortunadamente, en cierto momento, tras optar por la simpleza, se convirtió en algo igual e involuntariamente contrastante en cuanto a efectividad y coherencia, a tal punto que no es errado hablar de dos películas continuas, una magnífica y otra mediocre.

jueves, 6 de diciembre de 2012

La reinterpretación del mito en el drama histórico shakespeareano dentro de la fantasía épica de George R.R. Martin


La Guerra de las Dos Rosas estuvo llena de intrigas y acciones bélicas que decidieron el destino de Inglaterra, y también fueron cruciales para la creación de varias obras cumbres del dramaturgo inglés William Shakespeare entre los siglos XVI y XVII, y del escritor norteamericano George R.R. Martin a finales del siglo XX y principios de XXI.
Shakespeare tuvo su campo de acción en pleno renacimiento inglés, cuando se dio el proceso de cambio en las corrientes del pensamiento que ponían al hombre como eje central sobre el cual se daba el orden de las cosas. La ciencia sufrió cambios a causa de esto y la Historia no fue la excepción.
En la Edad Media la idea de Historia no era ni por asomo la misma que en la modernidad, cuando comenzó a tomarse con la seriedad que le concedió un auténtico método científico. Antes de eso, podemos hablar más bien de una serie de crónicas o la transcripción de pasajes populares, que no podían escapar de la perspectiva de la sociedad de la época que fijaba una concepción del mundo y, por ende, la concepción del mundo que tenía el autor.
El apego dogmático y riguroso de los que escribían la Historia en cuanto a estilo, temas y el modo en que éstos se abordaban se hacía de tal forma que no despertara la ira de grupos de poder, ni diera lugar a modos de pensar que alteraran la moral colectiva. Actuar de otro modo era, de hecho, inconcebible. Lo mejor era seguir el orden de lo establecido y que la Historia representara lo que había sido antes con tal de que reflejara también lo que debía ser el mundo, sin que nada perturbara el equilibrio de las cosas.
El orden del mundo era el orden del cosmos: los reinos terrenales representaban en menor escala a los celestiales; las Cruzadas semejaban la lucha contra huestes infernales para recuperar Tierra Santa, y por supuesto, el Rey era el representante de Dios en la Tierra al poseer el control absoluto. No es difícil imaginar entonces el cambio tan radical en la mentalidad del pueblo que debió representar el período de guerras civiles que se dio entre 1455 y 1485.
Desde el destrono de Ricardo II y la fundación de la casa Tudor con la llegada de Enrique VII, los conflictos internos del país dieron cabida a cinco reyes en el transcurso de tan solo treinta años. Sumándole a esto que la entrada de los Tudor fuera sinónimo del Renacimiento en el país, ponía en un lugar muy vulnerable la idea tradicional del orden establecido.
La idea antropocéntrica característica del Renacimiento puso al ser humano como aquel en equilibrio con el cosmos, y no como algo sometido a la voluntad de éste. Dios ya no era aquel que dictaba la Divina Providencia para que los hombres estuvieran sujetos a la salvación o la perdición. Se estaba abriendo paso la idea del libre albedrío. El nuevo orden socioeconómico, cuyo pilar ya no era el de las relaciones entre el señor y sus vasallos, sino el del hombre libre dispuesto a trabajar por el sustento mientras mantiene la esperanza de hacerse de bienes, e inclusive, escalar en la pirámide social. Las disputas entre dos familias poderosas con argumentos contrarios sobre lo que era correcto para el porvenir desembocaron en lo que se creía imposible: quitar a un monarca de su sitio de poder absoluto y sumirlo en la más simple humanidad, algo que puso en tela de juicio el lugar que hasta entonces se le había atribuido a Dios de un modo tiránicamente religioso.
Estaba claro que ni las cosas más trascendentales en el mundo debían hallarse siempre en el sitio que les correspondía, y era labor del hombre encontrar ese punto en el que se retomara el equilibrio.
Esta nueva forma de ver asuntos de tanta importancia como la política y la teología, poco a poco fueron impregnándose en lo moral con la idea del libre albedrío, en las ciencias naturales con respecto a la apertura de nuevos estudios en los cuales hoy en día sería necesario separar lo racional de conceptos esotéricos y, por supuesto, en lo que hasta entonces se entendía por Historia.
En el medievo era natural que cualquier cosa que estuviera escrita tuviera ya el peso necesario para que lo que allí se tratara fuera verídico, de modo que la Historia, una vez asentada en tinta y papel, dejaba a un lado la transmisión oral y se contaba de una sola forma infalible que no daba lugar a cuestionamientos, pues también formaba parte de la estructura ideológica de la época, que debía permanecer estática para que no abriera paso al caos. El Renacimiento cuestiona este orden y abre una brecha para que se susciten otros puntos de vista que ayuden a que salgan a la luz hechos que, de otro modo no podrían conocerse. Es entonces cuando los cronistas y primeros historiadores de la época abordan la Historia, no como hechos concretos e inamovibles, sino bajo un ojo crítico y analítico que daba lugar a que cada acontecimiento planteara cuestiones sobre la esencia del ser humano.
Como la llegada de los Tudor fue sinónimo de Renacimiento, ellos fueron grandes detonadores de las creaciones artísticas e intelectuales concernientes.
Cuando Enrique VII le encomendó al italiano Polidoro Virgilio redactar la historia de Inglaterra, éste tardó más de la cuenta, para al final entregar una visión histórica que abarca desde el reinado de Ricardo II hasta el del monarca en turno, en donde temas como la mutabilidad de los gobiernos son una restructuración de los valores.
Edward Hall tuvo a bien dedicar más de la mitad de su obra al reinado de Enrique VIII y solo una parte a los reinados previoshast Enrique IV.
Los Tudor se aseguraron de que siempre tuvieran a un biógrafo a su lado que preservara cada día de sus vidas con la idea de que eran de vital importancia para el destino de la nación.
Tanto los textos históricos de Hall como los de Raphael Holinshed fueron los referentes icónicos de la nueva visión histórica de la época, porque en ellos se concentraba la historia de los monarcas bajo la perspectiva renacentista. Es justo en el centro de este esplendor inglés en donde Shakespeare incursiona en el teatro, y sin duda no pudo escoger mejor momento. Así fue como presentó la Primera parte de Enrique VI en marzode 1592, y con esa opera prima, menos refinada que las obras posteriores, abrió una ventana a la gente de su tiempo y al nuestro en la cual se mostraba un nuevo modo de ver el pasado en el contexto del presente como un nuevo modelo de conciencia colectiva universal.
Esta forma de replantear personajes icónicos de la Antigüedad griega, pasajes de las recientes guerras intestina de la nación, los cuentos medievales o las visiones acerca de las novedades literarias y escénicas que causaban revuelo en Occidente, abarcó los principales tópicos que Shakespeare trató, despertandoel interés y la reflexión del pueblo, haciendo que el recién llegado Renacimiento abriera sus puertas a la gente para que tuviera acceso al arte con los medios más simples. Así operaba Shakespeare en el GlobeTheatre y el público seguía hambriento de sus obras.
Tratar de clasificar las obras de Shakespeare en comedias, tragicomedias y dramas históricos es de por sí difícil y causa conflictos con distintos críticos. Aunque dichos encasillamientos sean pertinentes para que se den análisis e incluso apreciaciones certeras, siguen siendo difíciles. Ahora pensemos que si además pretendiéramos separar las obras de Shakespeare en aquellas que se acercaron más a cierto realismo, y las que resultaron más fantasiosas, sería un intento más banal que el de los partidarios de la teoría Marlowe a los ojos de sus opositores.
La obra de Shakespeare, como la de los grandes autores, logra que la esencia persista en todos sus frutos artísticos, por más variados que sean y sin importar cuan distintos parezcan.
Ni Sueño de una noche de verano ni Macbeth ni ninguna de las obras más “fantásticas” del Bardo de Stratford se alejan en mayor media que las otras a la hora de develar el alma humana con sus miedos, obsesiones y exaltaciones. Así mismo, ni en Enrique IV ni en El rey Juan ni en Julio César duda en distanciarse un poco de la rígida autenticidad de hechos históricos con tal de mostrar el potencial emotivo de cualquier personaje histórico.
El drama shakespeareano es uno solo desde distintos puntos de vista del ser humano, a lo largo de la historia y en cualquier situación (por más común que ésta sea) que explotara el potencial imaginativo. De ese modo es como Shakespeare perduró en la historia como ícono de su tiempo, de su país, del teatro, y de la Historia hasta nuestros días y por mucho tiempo.
Así llegó la visión de Shakespeare hasta ya entrado el siglo XX, que fue un florecimiento en cuanto a hallazgos que llenaban espacios en lo que antes había sido misterio tras misterio en la vida del poeta.
Igual que Cervantes, su contemporáneo con influencias similares en la literatura universal, y la creación de nuevos personajes míticos, la influencias de los personajes shakespeareanos cubrió prácticamente toda la conciencia creadora. Toda, incluso la de George R.R. Martin.
Mucho se ha dicho recientemente acerca del autor que le dio nueva voz a la fantasía épicahasta ser considerado por Lev Grossman y la revista Time como “el Tolkien americano”.
Auténtico seguidor y erudito de los géneros hermanos de la fantasía y la ciencia ficción, Martin vivió la época idónea para mantener una relación íntima con ellos al investigar un pasado fresco de historias icónicas de ambos géneros para luego conocer, evaluar y admirar a los pioneros de lo inherente a la fantasía que cautivó a toda una nueva era, y no tardó en formar parte de ella.
El drama histórico no era ni por asomo algo nuevo para Shakespeare, tomando en cuenta que estas representaciones se venían haciendo desde la Antigüedad. Del mismo modo, Martin no hizo más que reinventar lo que ya estaba hecho. No olvidemos que las nociones de la ciencia ficción podían rastrearse hasta principios del siglo pasado con Edgar Allan Poe y aún unos cuantos siglos antes con Cyrano de Bergerac. Ni qué decir de la fantasía. Existen manifestaciones de este tipo desde siempre.
Igual que Shakespeare, al estar al tanto de las tendencias artísticas y cómo estaba cimentada la sociedad de su tiempo, Martin incursionó en el campo literario consciente de lo que el público esperaba, y aún más, de lo que le hacía falta. Los viajes espaciales, adelantos tecnológicos, el descubrimiento de nuevas formas de energía, la constitución del ser humano y todo lo demás, y las guerras mundiales eran el motor que impulsaba el imaginario de la recién descubierta ciencia ficción que llevaba más allá los conceptos románticos y casi positivistas del género en el siglo pasado al hablar de la conciencia de nuevos seres creados por el hombre, la respuesta de la frágil humanidad ante la repentina llegada de tecnologías avanzadas fuera de la compresión, los viajes a mundos distantes y el contacto con una variedad de seres cuyas mentalidades y puntos de vista sobre las cosas eran tan vastas como el universo.
Como Shakespeare incursionó en el teatro para que sus obras tuvieran el mayor alcance del público, tanto en Inglaterra como alrededor del mundo, Martin era consciente de lo que el público pedía durante el inicio de la globalización, al tiempo que uno podía hacerse de los medios masivos de comunicación. Así es como Martin deja de lado las novelas y los cuentos y entra de lleno a crear historias que pudieran ser contadas en el cine y la televisión: el gran alcance al público de su tiempo.
Así como hay estudios que atribuyen el estilo de Shakespeare en obras que, se presumen, coescribió con otros dramaturgos, George R.R. Martin intentó crear siempre sus propias historias, aun estando dentrodel colectivo de un grupo de guionistas, impregnando con su estilo los episodios que le correspondía crear para series televisivas de alcance mundial como el delirante replanteamiento contemporáneo de La bella y la bestia y el alcance de infinitas posibilidades espacio-temporales que ofrecía La dimensión desconocida. Cada una de las muestras que corrieron bajo su cargo mostró una reminiscencia hacia la era dorada de la fantasía, cuya esperanza de resurrección permanecía latente.
Martin se empeñaba en esta labor ya que, así como la ciencia ficción y la fantasía épica fueron de la mano desde el resurgimiento de uno y el nacimiento del otro, la pasión que le brindaban era equitativa. Si bien ambas géneros poseían el mismo potencial creador, era claro que la ciencia ficción había encontrado en el siglo XX una era que lo aceptaba como algo icónico e inseparable de ella, por lo que tenía su lugar asegurado para ser recordado en el futuro con el que soñaba como algo que marcó al hombre en su largo camino a la trascendencia y a la búsqueda en el infinito.
Pero aún quedabala fantasía épica: hermana de la ciencia ficción, con igual potencial en nuestro tiempo para retratar la esencia humana en el imaginario colectivo con la ayuda de los pioneros que tuvieron fe en su trabajo, pero que a la larga no consiguió el papel trascendental que ocupó el otro género.
Lo fantástico-épico fue pasado de largo como retrato de la humanidad, por ser considerado como algo más distante de la sociedad de su tiempo: una especie de retroceso a novelas de ambientación cuasi gótica, y por ende, retrógrada. Solo el grupo de acérrimos seguidores de las aventuras de Conan el Bárbaro y quienes cayeron bajo el influjo de El señor de los anillos conformaban el universo que integraba y mantenía en pie a la fantasía épica.
Martin era consciente de la situación que enfrentaba la fantasía heroica de su tiempo y pese a todo se aferró a un ideal de auténtica inventiva que escaseaba y solo pocos poseían.
A lo largo de su carrera, los proyectos fructíferos iban de la mano con los fallidos, y al tiempo que se le abrían puertas en Hollywood, muchas le fueron negadas y truncaron sus planes de crearpelículas y series televisivas que, hasta ahora, no han llegado a rodarse.
Así es como en épocas y lugares distintos, dos autores reaccionaron al ambiente cultural de un público con expectativas. Suficientes paralelismos se han mostrado entre Shakespeare y Martin en cuanto al contexto histórico que alimentaron a sus obras, y similar es también parte de su obra debido en gran medida a un punto que guardaban en común: una vez más, la Guerra de las Dos Rosas y todo lo concerniente a ella con una perspectiva de nuevo alcance mítico que refleja la esencia humana.
George R.R. Martin fundó el universo ficticio en el que se desenvuelve Canción de hielo y fuego, su proyecto más ambicioso,en situaciones que semejan a la guerra civil de Inglaterra, cimentada en el más puro ambiente fantástico-épico.
La historia muestra un mundo distinto al nuestro, sin que se explique jamás si se trata de pasado, presente, futuro, alternancia, o siquiera si existe la posibilidad de alcance. Se desarrolla la acción en dos continentes. En Poniente se centra una parte del conflicto que gira en torno al control sobre los Siete Reinos. Aquel que se siente en el Trono de Hierro tendrá el poder absoluto. Tras introducir intrigas palaciegas que van desde el asesinato hasta el incesto, se centra el conflicto entre las casa Stark y Lannister, poniendo en caos la relación de las otras casas que les han jurado lealtad y aquellas que se encuentran en el fuego cruzado. A esto se suman la vida particular de los miembros de la nobleza que interactúan con los plebeyos hasta el punto en que son ellos quienes acaban ocupando papeles cruciales. Además de los conflictos internos, los ataques desde fuera también están a la orden del día con la aparición de DaenerysTargaryen liderando a la tribu de los dothrakis desde las Ciudades Libres y la imperceptible amenaza de los Otros.
Así fue como Martin decidió introducir la renovación que le hacía falta a la fantasía épica. Hasta ese momento, el único modo en que ésta se había percibido era bajo el  modelo tolkieniano del bien contra el mal y el hombre en el centro del conflicto como el verdadero señor de todo, con los demás seres girando alrededor como meras abstracciones que no alcanzaban una plenitud en su esencia como entidades. Los personajes se convirtieron en cierto punto en algo idealmente irrealizable e inservible como ejemplo para quienes trataran de explorarlos.
Martin encontró en los retratos de la Guerra de las Dos Rosas un nuevo mito de la humanidad en el cual se reflejaban nuevas condiciones esenciales para la conciencia colectiva, que distaba mucho de los antiguos mitos.
Ya no se trataba de un choque entre el bien y el mal y la forma en la que uno sucumbía ante el otro con cierta tendencia al orden; ahora el hombre tenía un abanico de virtudes y debilidades desplegado al alcance de su frágil voluntad. Los moldes conflictivos que antes parecían tan claros como elegir un bando y moverse como piezas de ajedrez que mueren de forma honorable en batalla, se convirtieron en piezas que podían ir y venir, cambiar de bandos y de fines según se presentaran las circunstancias. La restauración del orden–digamos, con el retorno de un rey en el lugar que le corresponde por derecho- se diluye ante el manto de la verosimilitud y nos vuelve ignorantes sobre quién debería estar sentado en el Trono de Hierro o si éste debería existir siquiera.
La mitocrítica y el mitoanálisis explorados porGilbert Durand empiezan a adquirir en este momento un papel predominante en la relación entre Shakespeare y Martin que tiene como eje el “mitema” que es la Guerra de las Dos Rosas. Aquí éste hecho histórico adquiere el papel de representación arquetípica de nuevas formas de concebir al ser humano. Y a pesar de que Martin cita entre sus influencias para escribir la saga a varios libros de historia que le esclarecieron las costumbres de la época en cuanto a vestimenta, las relaciones conyugales, entre los gobernantes y gobernados, la comida, la religión y a modelos clave de nuestra era para lo fantástico como Robert E. Howard, Tad Williams y el mismo Tolkien, la influencia de Shakespeare está ahí, quizá no en una relación directa con su teatro, pero sí con la idea que éste ayudó a fabricar sobre una nueva forma de ver al mundo.
Esta visión de lo histórico superando lo mítico es trascendental para la percepción estilística de Martin. El mismo autor ha dicho que El señor de los anillos era el reflejo mitológico de la fantasía épica, mientras que Canción de hielo y fuego pretende ser una visión histórica de la misma, como motor de la humanidad.
Lo épico no se pierde, solo se transforma ante una nueva era. Como ya hemos dicho, de algún modo, Shakespeare también se deshizo de los antiguos mitos, pues pasó de una antigua forma de ver a la Historia, a la sociedad y a las representaciones alegóricas de su tiempo y trascendió para fijar en su arte a una nuevaclase de mito que reflejara la mentalidad de la época y ayudara a la gente para que respondiera ante lo que pasaba a su alrededor.
Ejemplos de estas abstracciones nuevas sobre la condición humana aparecen en la obra de los dos escritores de forma paralela.
Mientras que las obras de Shakespeare despliegan al inicio su dramatis personae como alegóricos personajes de la historia inglesa, Martin ofrece de manera imponente en sus apéndices, al más puro estilo de un libro de crónicas de familias honorables, las distintas casas y quiénes las integran.  
Cuando Enrique VI sube al trono tras la muerte de Enrique V es un paralelismo, por ejemplo, de la muerte del rey JoffreyBaratheon y cómo es ungido su hermano menor Tommen.
El conflicto icónico de las familias Lancaster y York no pudo reflejarse de un modo más simple inclusive en lo parecido de los nombres de las familias principales que combaten en Poniente: los Lannister y los Stark.
Las guerras y conflictos internos pueblan ambas historias.
Ricardo III debe enfrentar a sus dos hermanos, culminando con el asesinato de uno de ellos estando en prisión. Así mismo se enfrentan los hermanos herederos en las Islas de Hierro tras la muerte del rey, pues todos, incluyendo a la hermana, quieren el trono. Se hace asamblea en la que nos queda claro que quien grita más es quien gobierna.
En la Batalla de Worswood se da inicio una nueva estructura política en la que asume el poder Richomd adoptando el nombre de enrique VII y acabando así el ciclo de obras históricas. En Poniente tres hermanos: Renly, Stannis se preparan para la batalla tras la muerte de su hermano el rey Robert Baratheron.
Los matrimonios arreglados son un  elemento recurrente. Cuando Ricardo III insta al matrimonio a Isabel de York y convence a la viuda de Ricardo IV para que apruebe el matrimonio. En Juego de tronos, Joffrey logra convencer a Sansa Stark de que la ama y será un buen esposo.
La situación política no es armónica y comienzan rebeliones como la de Buckingham, quien muere en Richmond. En Desembarco del Rey, el pueblo muere de hambre en plena guerra y termina atacando a Joffrey y a su séquito por el descontento.
Enrique VI resquebraja la estructura del reino y de las instituciones, y la nueva etapa de conciliación llega con Enrique VII. Shakespeare muestra la desestabilidad como escenario, y cómo los personajes construyen diferentes voces que registran los hechos desde distintas perspectivas, no como meros datos, sino para mostrar el conflicto dramático de la condición del hombre. En Canción de hielo y fuego también se muestran conflictos dramáticos en los que se ve la condición humana en el amor, las intrigas, la lujuria, la disolución de un reino, desde los puntos de vista de una gama de personajes pertenecientes a distintas familias de distintas clases sociales, religiones y códigos de conducta.
Uno de los golpes claves que Ricardo III efectúa para derribar el orden del reinado de Enrique IV consiste está en esparcir el rumor de que se ha descubierto que aquel que se creía ser el heredero legítimo resultó ser un bastardo, y por ende, indigno del linaje real e impedido para gobernar. Los bastardos son un tema frecuente en juego de tronos Choque de reyes. Uno de los personajes centrales a lo largo de la serie es Jon Nieve, bastardo de lord Eddars Stark y hermano de la Guardia de la Noche. Las relaciones extraconyugales y libertinas del rey Robert Baratheon despiertan la ira de su esposa Cersei Lannister y futura Reina Regente, al tiempo que es causante de una intriga más acerca de la descendencia secreta del rey que, entre otras cosas, culmina con un infanticidio en Desembarco del Rey bajo los rumores que se dan en el pueblo y que ponen en tela de juicio la legitimidad del reinado de Joffrey Baratheon.
Shakespeare enfrenta personajes alegóricos medievales como las abstracciones de los vicios y las virtudes en una estructura cíclica de la recreación del hecho histórico como las acciones de hombres particulares en el escenario político y la posibilidad de actuar en él para recuperar la  estabilidad perdida. En Canción de hielo y fuego, los personajes tienen conflictos, personalidades opuestas pero con similitudes en lo más profundo. Conforme avanza la trama, hay más peleas y guerras y no se ve la paz en ningún momento. Algo debe hacerse para que vuelva el orden, pero nunca queda claro qué. Muchos son los que buscan sobrevivir y solo pocos mantienen la esperanza de buscar cómo hacer que todo vuelva a la tranquilidad.
Todo el peligro que conlleva apoderarse del trono es lo que nutre a las piezas históricas del Bardo y al suspenso del novelista.
Con todos los paralelismos entre el inglés y el norteamericano, no es difícil imaginar que aun si fuera verdad que la obra de Shakespeare no influyó al momento de gestar su imaginario, a Martin no le hacía falta, pues Shakespeare no era el vehículo de la historia, mucho menos del mito. Esos fueron los conflictos y nuevas visiones que ayudó a construir, y es precisamente este alejamiento de una perspectiva de los hombres que la crearon lo que le otorga el carácter de mito: algo que está más allá del hombre y cuya misión es responder a las interrogantes que se haga cuando ya no haya Historia, y solo queden historias.

BIBLIOGRAFÍA
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·         Las piezas históricas de Shakespeare, de Lucas Margarit, , de la colección William Shakespeare Obras completas, volumen IV: Dramas históricos, Editorial Losada, España, 2009
·         http://entertainment.time.com/2011/04/18/grrm-interview-part-2-fantasy-and-history-/: “GRRM- Interview Part 2: Fantasy and History” por James Poniewozik, abri 18 del 2011, consultado el 13/10/2012 a las 20:45 hrs